Hace unos días, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Agencia Estatal de Investigación anunciaron las novedades de la convocatoria FPU 2026, las ayudas que financian los contratos predoctorales con los que miles de jóvenes empiezan su tesis. El titular fue la simplificación: menos papeleo, menos requisitos de entrada, un calendario más previsible. Todo eso es real y, en buena parte, una buena noticia. Pero entre las novedades hay una que merece más atención de la que ha recibido, porque cambia algo de fondo en cómo se decide quién entra: a partir de ahora, una parte de la puntuación no evalúa a la persona que pide la ayuda, sino al equipo de investigación en el que va a desarrollarla.
Qué cambia de verdad en la FPU 2026
Conviene separar los hechos verificables del debate, porque hay tres cambios estructurales confirmados por la propia Agencia.
El primero es de gestión. A partir de esta convocatoria, la FPU pasa a tramitarse íntegramente por la Agencia Estatal de Investigación (en virtud del Real Decreto 265/2026), con sus mismos procedimientos de concesión, justificación y seguimiento. Hasta ahora dependía de la Secretaría General de Universidades.
El segundo es quién presenta la solicitud. La persona doctoranda rellena su parte del formulario, pero la solicitud final la firma y la envía el centro donde se va a desarrollar la tesis, que actúa como entidad beneficiaria. La candidatura es, formalmente, conjunta entre la persona y el centro de I+D.
Y el tercero, el que aquí interesa, es el criterio de evaluación. La nota se reparte así: hasta 75 puntos para la trayectoria académica de la persona doctoranda, con un umbral mínimo de 60, y hasta 25 puntos para la trayectoria científico-técnica del equipo en el que se desarrollará la ayuda y la dirección de la tesis.
Hay además simplificaciones que conviene reconocer porque van en la buena dirección: ya no será necesario estar matriculado o admitido en el programa de doctorado para solicitar la ayuda, solo para firmar el contrato; desaparece la justificación económica anual y la científico-técnica anual, sustituidas por dos informes de seguimiento, uno intermedio y otro final; y la cuantía individual total asciende a 143.350 euros (un contrato de 32.500 euros al año, 10.000 euros para estancias y matrícula, y 3.350 euros de indemnización por fin de contrato), con un periodo de orientación postdoctoral de hasta doce meses dentro de los cuatro años.

Nada de esto es menor, y parte es claramente positivo. El problema no está en simplificar. Está en ese 25%.

El 25% del equipo: el cambio que reordena el comienzo
Que una cuarta parte de la nota dependa del equipo tiene una justificación oficial razonable: reforzar la calidad de los entornos donde se forman los futuros doctores. Un buen grupo, con financiación, dirección solvente y trayectoria, ofrece mejores condiciones para hacer una buena tesis. Dicho así, suena sensato.
El efecto práctico, sin embargo, es otro, y lo ha señalado con claridad la asociación FPU Investiga. Si una cuarta parte de la puntuación premia la trayectoria del grupo, los grupos pequeños, jóvenes o emergentes (los que disponen de menos financiación y menos antigüedad) parten con desventaja estructural, no por la calidad de la persona candidata, sino por el tamaño y el historial del equipo al que se incorpora. Para la asociación, eso vuelve menos atractivos a esos grupos para quien solicita una FPU, porque saben que sumarán menos puntos que los más grandes y consolidados.
La consecuencia sobre la persona candidata es la que conecta con un debate más amplio. Cuando una parte del resultado depende del aval de un grupo potente, deja de ser suficiente tener un expediente brillante: se vuelve decisivo, como resume FPU Investiga, "saber moverse", buscar el respaldo de un grupo grande, con muchos integrantes y méritos variados, para que la solicitud tenga opciones reales. Es decir, el sistema empieza a medir, ya en el primer peldaño de la carrera, algo que no es exactamente el mérito ni el potencial de quien empieza, sino su capacidad para situarse bajo el paraguas adecuado.
Una autonomía que se condiciona desde el primer día
Aquí es donde esta reforma enlaza con una discusión que va mucho más allá de la FPU. En la evaluación de la carrera investigadora se repite un patrón: se dice querer medir la independencia, la madurez y el criterio propio del investigador, y al mismo tiempo se diseña un sistema que subordina a la persona joven al grupo que la dirige. La estancia obligatoria, la firma del supervisor en cada paso, la autoría del investigador principal en casi toda la producción del equipo. La FPU 2026 añade un eslabón nuevo, y lo coloca antes que todos los demás: ahora, una parte de tu primera ayuda depende formalmente de la fuerza del grupo que te acoge.
No es un detalle técnico. Es la dependencia convertida en criterio desde el minuto cero. Antes incluso de empezar la tesis, antes de la primera estancia, antes de la primera publicación, el sistema te puntúa en función de a quién consigues que te avale. Y eso premia exactamente lo contrario de lo que dice buscar: en lugar de reconocer a la persona con más potencial para llegar a ser un investigador independiente, refuerza la lógica de adscribirse pronto a una estructura consolidada y aprender a moverse dentro de ella. Quien quiere arrancar su propia línea en un grupo pequeño, o acompañar a un director joven y prometedor, lo hace ahora con un descuento de salida.
Conviene ser justos: el criterio no es absurdo ni está hecho con mala intención, y un entorno sólido importa de verdad. Pero hay una diferencia enorme entre valorar la calidad del proyecto y del plan de formación, que sí dependen en parte del equipo, y trasladar un 25% del peso a la trayectoria del grupo, que la persona candidata no controla y que correlaciona con su tamaño y su antigüedad. Lo primero mide el entorno de la tesis; lo segundo mide, en buena medida, el privilegio de haber entrado por la puerta grande.
Lo que la asociación señala y aún no tiene respuesta
Más allá del baremo, FPU Investiga ha planteado públicamente una serie de preguntas sobre la transición que, a día de hoy, siguen abiertas, y que conviene recoger porque afectan a personas concretas que ya están en el sistema.
La primera es de estabilidad. La asociación sostiene que el proceso de solicitud de la FPU ha cambiado de criterios tres veces entre 2022 y 2026, y reclama estabilidad y un baremo definitivo, además de que se cuente con el colectivo antes de fijarlo. La segunda es de gestión del traspaso: si las FPU dejan de depender del Ministerio y pasan a la AEI, ¿quién se hace responsable de las convocatorias anteriores a 2026 que siguen en activo?, y ¿dónde presentan su solicitud las personas FPU de promociones recientes que quieran hacer una estancia el próximo curso? La tercera es de plazos: la asociación denuncia un retraso histórico en la publicación de resoluciones, y reclama que el calendario que la propia Agencia ha hecho público se cumpla de verdad y se aplique también a las convocatorias en activo.
Son cuestiones que un organismo no debería dejar sin contestar, porque la incertidumbre administrativa no es neutra: recae siempre sobre quien menos margen tiene para absorberla, alguien con un contrato temporal y una tesis en marcha.
Lo que el cambio hace bien
Sería injusto quedarse solo en la crítica, porque la reforma acierta en varias cosas. Eliminar el requisito de estar matriculado en el doctorado para poder solicitar la ayuda retira una barrera real, sobre todo para quien no quiere comprometerse con una matrícula sin saber si tendrá financiación. Unificar el calendario de las convocatorias predoctorales bajo la Agencia, si se cumple, da una previsibilidad que el colectivo llevaba años pidiendo. Y reducir la justificación anual a dos informes de seguimiento alivia una carga burocrática que nunca tuvo mucho sentido. La dirección de simplificar es la correcta.
El reparo no es a simplificar, sino a aprovechar la misma reforma para introducir, casi de pasada, un criterio que cambia el fondo de lo que se evalúa.
Medir a la persona, no al paraguas
El objetivo declarado de una ayuda predoctoral es identificar a las personas con más potencial para convertirse en buenos investigadores y darles los medios para empezar. Atar una cuarta parte de esa decisión a la trayectoria del equipo desplaza el foco de la persona al entorno, y lo hace además en el único momento de la carrera en el que el candidato aún no ha tenido ocasión de demostrar casi nada por sí mismo. Se mide, otra vez, la oportunidad y la buena colocación más que el talento.
No se trata de elegir entre evaluar a la persona o cuidar la calidad del entorno: se puede valorar el proyecto y el plan de formación sin convertir el historial del grupo en un cuarto de la nota. Y desde luego no se trata de discutir si conviene simplificar, que conviene. Se trata de no resolver un problema de papeleo creando otro de fondo: el de premiar, desde el primer día, saber situarse bajo el paraguas adecuado por encima de la propia capacidad. Si de verdad queremos formar investigadores autónomos, el sistema haría bien en no enseñarles, en su primera solicitud, que lo que más puntúa es de quién consigues colgarte.
Fuentes
- Espacio informativo oficial de las Ayudas FPU 2026 (criterios 75/25, umbral 60, gestión AEI, cuantías, requisitos). Agencia Estatal de Investigación: https://www.aei.gob.es/ayudas-fpu-2026
- "La AEI gestionará las ayudas FPU a partir de la convocatoria 2026" (traspaso de gestión, solicitud por el centro de I+D, nuevos criterios). Agencia Estatal de Investigación: https://www.aei.gob.es/noticias/aei-gestionara-ayudas-formacion-profesorado-universitario-fpu-partir-convocatoria-2026
- "Novedades de la convocatoria FPU 2026" (simplificación de trámites, inversión 2018-2025, calendario). Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades: https://www.ciencia.gob.es/Noticias/2026/junio/novedades-convocatoria.fpu-2026.html
- Posición pública de la asociación FPU Investiga (@AGEInves) sobre la convocatoria 2026: grupos pequeños y emergentes, autonomía de la persona doctoranda, estabilidad del baremo, gestión de la transición y retraso de resoluciones.